Sonrió … solo sonrió


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          Fotografía de Christopher Anderson

31 mayo 2016

Recuerdo que un día, siendo yo muy chico, le pregunté a mi Madre: ¿Cuándo sea mayor podré vivir donde quiera? ¿Podré hacer lo que quiera? – Claro que sí hijo, respondió ella – Y yo, entonces, contrariado y asustado, le apostillé… ¿Tú estarás conmigo, verdad? – Y ella durante unos instantes, me miró y como si fuera a decirme algo … sonrió, solo sonrió. Muchos años después de aquello … ahora soy yo el que sueña con ese mundo, con esas preguntas … y sonrío, solo sonrío … como si quisiera decir y decirme, algo.

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Vivir muriendo


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Imagen vista en: http://demunchami.blogspot.com.es/2014/04/marta-maria-perez-bravo-1959.html

 

30 mayo 2016

Antoine iba, ya, por su cuarto Marie Brizard de la madrugada y la lengua empezaba a trabársele. Parecía contento y triste a la vez, me acerqué y poniéndole una mano en el hombro,  le pregunté: ¿Qué estás haciendo, Antoine, va todo bien? – Él me miró y con voz de cura en Pascua me dijo … “Suicidándome, Enrique, eso estoy haciendo y eso es lo que pasa. Lo mismo que hizo Julián con su cáncer   … dedicarme a vivir” – Insistí  … “Pero, Antoine ¿Es que te han hecho por fin las pruebas en la Nuclear?” … Antoine no me contestó, bajo la mirada, siguió adorando su copa y susurró  … “Voy a vivir, Enrique, a vivir“.

 Sea cual sea el motivo … hay quien me cuestiona ese entusiasmo que muestro siempre por vivir aún a costa de lo que sea … lo sé, pero seguiré haciéndolo y hoy mi héroe será Antoine.

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Dentro de mi … ella me veía feliz y yo a ella


 Playa San Juan-Muchavista (Alicante)

29 mayo 2016

Una y otra vez me dije que debía apreciarlo, tocarlo, vivirlo. Todo lo que siempre soñé estaba ahí, dentro de mi. Intentaba creérmelo, me levanté, me acerqué a él, me agaché, cogí un puñado de arena mojada y la dejé escapar, liberándola como un rito que iba más allá del gesto; miré al sol y dejé que el viento me azotara la cara a la vez que sentía que se quemaba mi arrugada piel, no, no era un sueño. Me volví y vi como ella me miraba … sentada en su banco, sonreía en su dolor … me veía feliz … y yo a ella. Sí, pensé; eso es todo, todo lo que importa, lo demás, todo lo demás, puede esperar.

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Vivir, vivir hoy (***)


 

Vive el segundo … como el sonido de cualquier tecla


28 mayo 2016  –  29/08/14

 

Levántate con fuerza, como si fueras a disfrutar del último día de tu vida, no miras nunca hacia atrás, lo que hiciste ya no importa, tampoco mires hacia abajo, no dejes que el vértigo pueda abrazarte cuando te lanzas al vacío de esa inmensidad que muestra la vida que amanece ante ti. Nada es como fue, solo importa lo que será, lo que hay detrás de la puerta del nuevo día. Aleja tus pensamientos negativos, métete entre las sábanas del nuevo día y déjate seducir por él. Hay tantas cosas por hacer y que, aún, no has hecho que debiera, solo eso, hacerte volar hacia las estrellas de tu nuevo futuro, el de hoy, el de mañana y el de todo aquel futuro que quiera presentarse ante ti. Olvida las sombras que te impiden ver el camino, no luches contra tus decepciones, solo piensa en todo aquello que, desde ahora mismo, te puede hacer feliz. Hoy, puede ser un gran día, mañana … quizás sea otro hoy.

 

(***) : Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse. (Ernesto Sabato)

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Dolores … y Alberto


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27 mayo 2016

“La conocí en la barra de un  bar que estaba  justo al lado de la oficina de Castellana, era una chica boom. Dolores era un torbellino de vida, graciosa, marchosa, elegante, divertida y una gran amante.  Nos casamos en el 70 y desde entonces nunca nos hemos separado salvo por motivos profesionales.  Ella es arquitecta y le ha ido muy bien en su profesión.  No me lo preguntes pero te diré que no sé si ha tenido amantes y tampoco me importa saberlo, ella conmigo siempre fue lo que es… una mujer extraordinaria.  Pero ahora, Enrique, a sus 70, está hecha un guiñapo. La artrosis, la artritis, la fibromialgia y un enorme bulto junto al páncreas la tienen de dolor en dolor, de lamento en lamento y de prueba en prueba en cada hospital. Si existe un Dios no puede ser tan cruel con ella. Se le deforman las manos, los pies y cada gesto es un ay de dolor. Su vida empieza a ser horrible y lo peor, amigo Enrique, es que me está arrastrando … estoy al borde de la depresión pues verla sufrir sin que yo pueda hacer nada me subleva.”

Alberto es un chico Madison o Twist, gran juerguista en juventud, en los sesenta, que fue cazado por esa gran mujer sin que él pudiera evitarlo. Yo estaba con él el mismo día que la conoció. El se enamoró a primera vista de ella y es ahora cuando ha aprendido a saberlo … él dice verla siempre como la vio en aquel de desayuno en Castellana,  no tiene otra imagen de ella en su mente. Él y su forma de entender el amor me han hecho llorar y lo he hecho como siempre,  cuando nadie me ve. Lamento y admiro su situación y aunque parezca una contradicción el que entienda de lo que esa sensación representa, me entenderá.

Un día cualquiera y una historia cualquiera de un mundo que ignora lo cotidiano, lo realmente adorable, mientras magnifica a sus becerros informativos por encima de cualquier otro valor  que no sea el culto al body, al cultivo de la soberbia sumergida en la ignorancia y al de la siempre incumplida promesa electoral.  Una esperanza queda … creer que habrá muchos ignorados Albertos que siguen admirando a sus queridas Dolores por encima de cualquier condición.

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Una mañana de morirse … en la angustia de otros


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26 mayo 2016

Una mañana pegajosa para los amantes del vivir aunque sea bien.

Eduardo es un chico de La Pampa que vivió en Montevideo como un rey cantando a su tierra pero que acabó aterrizando en la costa del Levante hispánico haciendo lo mismo: Tugurios, tango, alcohol, guitarra y chicas, muchas chicas. Veinte años en España le han dado muchos derechos, muchas vivencias y muchos problemas, y también algún vástago perdido en un mundo en el que vivió y que ahora a sus casi setenta intenta seguir viviendo aunque sea de modo altruista o no,  y ocasional. Eduardo me cuenta, con esa voz ronca que caracteriza a los tangueros, que vive en una nube feliz … aunque sea a base de creérselo. Habla de sus batallas, de sus amores, de sus canciones, de sus hijos … y de sus añorados ancestros … muy añorados. Su charla es vivaz, a veces cruel con el sistema, con la vida, con sus amadas, con todo, pero su “artistic vein” le hace volar hacia el surrealismo en el que vive. Un café agridulce.

Al despedirme de Eduardo y después de cantarme un alucinante “Volver con el alma partida …”, con el deje que aporta su voz endulzada con un par de copas de “Fernet” que él se hace traer de allá, me dice: “Ay, Enrique, yo no quiero morirme, pero si tengo que hacerlo, le tengo dicho a todos que no quiero que llamen a nadie comunicándoselo, no, a los jóvenes les dará lo mismo, al contrario, pensarán; un viejo menos, y a los viejos como tú les hará recordar su mortalidad inminente. Mejor no advertir a nadie de mi muerte.”

Hay días en los que convendría no tomar café en las golfas madrugadas de mi Ateneo en las que unos vamos, pero otros muchos vuelven … a pesar de su veterana y cruel, juventud.

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Me he hecho la brasileña, cariño


25 mayo 2016

Recuerdo un tiempo en que todos cantábamos al grito de “me gustan gordas, gordas, gordas” y nadie se asustaba. Lo de la delgadez extrema que ilustra algunas de las letras de las canciones de uno de mis ídolos cantores, lo es al referirse a síntomas evidentes de enfermedad o de falta de vida. Los tiempos han cambiado tanto que ya no se nos deja brindar por la orondez, por las curvas pronunciadas y por todo eso que algunos aún llamamos deseo. Mantener la línea no es un asunto de salud como nos quieren hacer ver, es solo el macro-culto al body que se impone por encima de cualquier otro criterio, es el mas claro ejemplo de un deformado sentido del amor propio, es, tan solo, una deformación muy próxima al narcisismo acérrimo. Hombres depilados y mujeres al borde del objetismo.  “Me he hecho la brasileña“, “me voy a quitapelos” o el ya más clásico “no es lo que parece, cariño“, es el pan nuestro de cada día y el objetivo principal, lo último,  de un modo de vida que se me hace algo torpe y altamente peligroso.


Claro, Enrique, a ti te gustan las orondeces porque tu estás como un tonel” – Vaya, creo que no me han interpretado bien mis amigos cafetulianos de esta tarde. Les dejo y mientras cerrábamos, un paisano y yo,  una especie de acuerdo vital, aburrido espacio de tiempo no malgastado, pero poco grato comparado con el siguiente, que no es otro que el del grupo en torno a mi.  Todos  se  arremolinan en  mi mesa, cuando han visto que hemos terminado la charla del acuerdo,  como adorando las virtudes de ese precioso iPad que les muestro y es entonces, justo entonces, cuando les convenzo de que las orondeces son bellas mostrándoles esta foto que ayer me regaló una amiga del Feisbuc. Boquiabiertos se han quedado,😄, ¿eso que es?, me dice uno, mientras los demás me piden la dirección para que su hijo se la baje de la nube.

 

 

 

Me adoran, lo sé, pasa que a veces hay que ayudarles un poco para ello. Son como niños

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