25 mayo 2013
La noche se calentaba, unos decían que no es nada sano, ni digno, que una Alcaldesa, mi querida Castedo, sea íntima amiga del mayor Constructor de la ciudad y en quien recaen la mayoría de las adjudicaciones de los contratos de servicios municipales, otros se empeñaban en hablar del renovado impulso que ha tomado el, ya rancio, movimiento aznarista, pero los más hablaban del flojo y del incapaz, del Raja y del Rubal, que es como llaman los progres de la noche “culta” a los dos líderes florero que tenemos al frente de los dos grandes partidos patrios. Yo, mientras tanto, y cuando pude meter baza, acabé contando mi alegría porque la montaña de libros que vi en el garaje ya estaba descendiendo, es decir, alguien los estaba “robando”, si, a alguien le hacia gracia tener un libro y lo conseguía gracias a la desidia de sus propietarios. Pero no me escuchaban, todos iban a lo suyo, es como si estuviéramos en una de esas tertulias de la TV, de pronto alguien lanzó esa frase lapidaria que da título a esta bloguería de hoy: Eso, Enrique, es como excomulgar a un muerto y yo, intentando creer en la especie humana, le pregunté al de la voz en alto; ¿Te refieres a lo del aznarismo o a lo que hacen los que abandonan libros en el suelo? – No hubo respuesta, claro, no me hacía falta.
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